Esta foto me encanta. Fui a un pueblo acompañando a unas personas que habían venido a visitar algunos de los proyectos. Cuando estábamos visitando una tiendita, estos niños se pusieron en la ventana. Un par de esas personas se pusieron a hacerles una foto y yo dije “Me too, me too” (por si alguien necesita traducción, significa “yo también” y se pronuncia “mi tú”), indicando que yo también quería hacer una foto. Entonces noté que algunas de las mujeres del pueblo que estaban con nosotros se ponían a mirar alrededor diciendo “mitú, mitú” y me di cuenta de que esa palabra debía significar algo en gujarati. Pregunté y me dijeron que significaba sal. Así es que de la forma más tonta aprendí una palabra nueva y seguro que no se me va a olvidar.
Otro día estaba visitando a unos jesuitas. Como ya había estado varias veces y conozco bien al cocinero y a la mujer que le ayuda, me acerqué a la cocina y decidí practicar mis escasos conocimientos de gujarati pidiéndoles un té “khand vogar”, que significa “sin azucar”. En cuanto lo dije soltaron unas risitas y me di cuenta de que debía haber dicho algo gracioso e inapropiado, pero por mucho que preguntaba, no había forma de que me explicasen qué había dicho. Al final conseguí que me dijeran que lo había pronunciado mal y que en vez de khand había dicho ghand (o algo así), que significa culo. Todavía se siguen riendo algunas veces cuando me ven, sobre todo si les pido un té, con o sin azucar.
viernes, 14 de marzo de 2008
miércoles, 5 de marzo de 2008
Mendhi
Después de la última entrada un tanto pesimista, y ya que he dicho en mi último comentario que hoy estoy más optimista, voy a continuar con una nota breve y más superficial. Cuando regresé de España me pasé a visitar a una amiga. Ella no estaba, pero estaban su madre y sus hermanas. Una de ellas, Muskan, se había hecho un diseño de mendhi en el brazo. Mendhi es la henna, que se utiliza para decorar los brazos, manos y pies. Es típico ponerlo para las bodas (especialmente la novia), pero también se lo hacen en otras ocasiones. Muskan se ofreció a hacerme un diseño y sin pensármelo mucho le dije que sí. Menos mal que le dije que sólo lo quería en uno de los brazos y me lo hizo en el izquierdo porque yo no sabía que había que dejarlo durante varias horas para que se seque, con lo que no pude utilizar esa mano durante un buen rato. El diseño que me hizo me recordó a las flores que dibuja mi tía Lici sobre papel. Es curioso que aunque ella jamás haya visto ningún mendhi, se invente diseños tan parecidos.
lunes, 25 de febrero de 2008
Mudanza
La semana pasada me trasladé de ciudad. He dejado Vyara, en el Sur del estado, para mudarme a Vadodara (o Badora, que es el nombre que le dieron los ingleses), una ciudad más grande, situada más cerca del centro y mejor comunicada (tiene hasta aeropuerto para vuelos domésticos). Parece mentira la cantidad de cosas que se pueden acumular en unos pocos meses. Como la casa donde vivía no estaba amueblada, tuve que comprar algunos muebles: un par de camas (ya que una de ellas hacía también las veces de sofá), un escritorio, una mesa de comedor, algunas sillas y una nevera. También tuve que comprar los enseres para la cocina, sábanas, toallas, … En fin, que para trasladarme he necesitado alquilar un camión. Me he cogido unos días de vacaciones primero para empaquetar todas las cosas y luego para desempaquetarlas (proceso que todavía no ha terminado).
Vivir en Vadodara tendrá ventajas: algunos de mis viajes serán más fáciles, podré ir al cine y entender lo que dicen (ya que hay un cine que pone una película en inglés), me podré dar lujos como irme a tomar un café y comerme un pastel, hay un bonito parque para pasear,… Pero también tendrá sus desventajas. La primera es la gente que he dejado en Vyara y otra es que me tendré que acostumbrar a los mendigos. En Vyara casi no había. Sólo la gente de una familia, que vivían bajo unos plásticos en la calle, me pedía a veces dinero cuando pasaba por delante. Pero se quedaban tan contentos si en vez de darles dinero les hacía una foto. Aquí la pobreza es más dura y están los “mendigos profesionales”. Es duro verles, sobre todo a los niños, (¡y más duro debe ser para ellos!). Normalmente les digo que no les doy dinero porque sé que esa no es la solución. A veces les doy unos caramelos o les compro algo de comida, ya que aunque sé que esa tampoco es la solución, me ayuda a lavar un poco la conciencia. Y a veces acabo por darles unas monedas: si acabo de gastarme cien rupias en un capricho ¿cómo puedo negarles aunque sea cinco rupias a ellos? Al final no sé muy bien si la única razón es quitármelos de encima… El otro día recibía un email de un amigo que me decía que le gustaba el blog porque sé ver esperanza, pero hay días en que eso resulta difícil.
Vivir en Vadodara tendrá ventajas: algunos de mis viajes serán más fáciles, podré ir al cine y entender lo que dicen (ya que hay un cine que pone una película en inglés), me podré dar lujos como irme a tomar un café y comerme un pastel, hay un bonito parque para pasear,… Pero también tendrá sus desventajas. La primera es la gente que he dejado en Vyara y otra es que me tendré que acostumbrar a los mendigos. En Vyara casi no había. Sólo la gente de una familia, que vivían bajo unos plásticos en la calle, me pedía a veces dinero cuando pasaba por delante. Pero se quedaban tan contentos si en vez de darles dinero les hacía una foto. Aquí la pobreza es más dura y están los “mendigos profesionales”. Es duro verles, sobre todo a los niños, (¡y más duro debe ser para ellos!). Normalmente les digo que no les doy dinero porque sé que esa no es la solución. A veces les doy unos caramelos o les compro algo de comida, ya que aunque sé que esa tampoco es la solución, me ayuda a lavar un poco la conciencia. Y a veces acabo por darles unas monedas: si acabo de gastarme cien rupias en un capricho ¿cómo puedo negarles aunque sea cinco rupias a ellos? Al final no sé muy bien si la única razón es quitármelos de encima… El otro día recibía un email de un amigo que me decía que le gustaba el blog porque sé ver esperanza, pero hay días en que eso resulta difícil.
viernes, 15 de febrero de 2008
De vuelta
Ya estoy de vuelta por estos otros mundos. Mi plan original era estar en España durante mes y medio, trabajando durante un mes y tomándome un par de semanas de vacaciones en la época de Navidad y Nochevieja. Al final el trabajo se acumuló y tuve que alargar la estancia un par de semanas más. Así es que al final regresé a Gujarat hace poco menos de un mes. Desde entonces he estado bastante liada, apenas parando en casa y no encontraba el momento para descargar fotos y subir alguna para publicarla, proceso que lleva bastante tiempo cuando no se cuenta con el lujo de la banda ancha. Finalmente me he podido sentar un rato y, de hecho, he preparado el borrador de estas líneas durante uno de mis viajes en tren. Esta vez viajaba en un vagón reservado para mujeres y sentada al lado de una chica musulmana tapada de pies a cabeza. El lugar me ha hecho pensar en una novela que he disfrutado recientemente: "El vagón de las mujeres" de la escritora india Anita Nair.
Los de la foto son porteadores de la estación de Mumbai, que cargan con las maletas y bultos de los pasajeros en muchas ocasiones colocándoselos sobre la cabeza. La foto la tomé antes de otro de mis viajes en tren, cuando llegué esta vez de España. En esta ocasión la llegada a la estación fue menos traumática que la primera vez. Decidí pasar la noche en un hotel de Mumbai, con lo que no me tuve que enfrentar de nuevo a la imagen de la gente durmiendo en la estación. De todas formas estoy segura de que no me hubiese impresionado tanto porque ya me lo esperaría y entiendo un poco mejor el contexto.
Los de la foto son porteadores de la estación de Mumbai, que cargan con las maletas y bultos de los pasajeros en muchas ocasiones colocándoselos sobre la cabeza. La foto la tomé antes de otro de mis viajes en tren, cuando llegué esta vez de España. En esta ocasión la llegada a la estación fue menos traumática que la primera vez. Decidí pasar la noche en un hotel de Mumbai, con lo que no me tuve que enfrentar de nuevo a la imagen de la gente durmiendo en la estación. De todas formas estoy segura de que no me hubiese impresionado tanto porque ya me lo esperaría y entiendo un poco mejor el contexto.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Maravillas de la técnica
Ya lo decían en "La verbena de la Paloma": Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Escribo desde el aeropuerto de Mumbai, a punto de coger el avión para regresar a casa (bueno, el primero de los dos aviones que tengo que coger). Me conecto con el ordenador portátil a través de la red inalámbrica gratuita disponible en el aeropuerto y saboreo la posibilidad de tener de nuevo acceso a una conexión de banda ancha (casi había olvidado que es posible que las páginas se descarguen casi instantáneamente). He cargado las fotos digitales que he tomado cuando venía en el tren y os dejo ésta. Este niño iba recogiendo las botellas de agua que íbamos dejando en los vagones. Supongo que las vende al peso para reciclar, porque las iba vaciando del agua que quedaba, pero dejando un poquito, lo justo para que aumente un poco el peso sin que se note demasiado. La técnica avanza, pero está claro que no nos afecta a todas las personas de la misma manera.
lunes, 19 de noviembre de 2007
El tercer sexo
Este es Sabir. Tradicionalmente, los hombres de su casta eran actores que se vestían de mujer y realizaban representaciones incluso enfrente de los maharajas. Durante un tiempo se les prohibió trabajar pero ahora pueden volver a hacerlo legalmente. Sabir, que está casado y tiene dos hijos, se pone sus saris y su maquillaje y sale a la calle. Pide por la calle y la gente le da dinero. Al principio yo pensé que era un hijra, pero me dijeron que ellos son diferentes, que no son actores, sino que su condición es natural y no usan maquillaje. Muchos piensan que los hijras son el tercer sexo, ni hombres ni mujeres. Algunos tienen órganos sexuales ambiguos, de ambos sexos. A veces se les llama eunucos, pero sólo algunos han sido castrados. La mayoría son físicamente hombres pero adoptan la identidad de mujeres. Por lo que he leído, es una identidad compleja, que se ha desarrollado de una forma diferente a la de travestís o transexuales en occidente. Dejan a sus familias y castas para vivir en comunidad con otros (o quizá debería decir otras) hijras. Una de sus formas de ganarse la vida es yendo a las casas donde ha habido el nacimiento de un hijo varón, ya que se supone que tienen poder para bendecir a los recién nacidos, o para echarles una maldición si no se les paga lo suficiente. También van por los trenes pidiendo dinero. Yo encontré a uno en uno de mis viajes y no me insistió mucho para que le diese dinero, pero sí que vi que bastante gente le dio algo de dinero, más que a otros mendigos que habían pasado antes. El dinero que cada uno recauda lo ponen en común entre todos. Últimamente también se benefician de los centros comerciales, que están empezando a surgir como setas en las ciudades más grandes. Van a centros que se acaban de inaugurar y exigen que les den dinero. Si no se lo dan amenazan con montar un escándalo y finalmente suelen llegar a un acuerdo para que les paguen cantidades bastante importantes. En algunos lugares, los recaudadores de impuestos les han empleado para que actúen como una especie de cobradores del frac, para conseguir que los morosos paguen sus impuestos.
lunes, 12 de noviembre de 2007
¿Qué apostamos?
Cuando estaba en España el viaje más pesado que tenía que hacer era un trayecto en metro de 15 minutos en hora punta sin poder sentarme. O quizá pasar cinco horas en un cómodo autobús para llegar a Madrid. Hasta ahora, en India había viajado principalmente en tren o alguien me llevaba en su jeep, pero últimamente me ha tocado probar el “placer” de viajar en autobús. Antesdeayer, por ejemplo, hice uno de esos viajes. A la ida tuve suerte y encontré asiento. Yo creo que fue porque era pronto, un autobús que salía a las siete de la mañana. Un día normal eso ya sería madrugar bastante para mí pero lo fue más teniendo en cuenta que era el día siguiente a diwali (el festival de la luz, el equivalente a nuestra nochevieja) y que esa noche se la pasaron tirando petardos. Supongo que los tiraban por toda la ciudad (en realidad, por todo el país) pero a mí los que más me molestaban eran los que tiraban justo delante de mi casa. Con deciros que me tuve que cambiar de habitación y acostarme en un colchón en una habitación que da para atrás para así poder dormir un poco.
En fin, que me desvío del tema. Sigo contando mi viaje. En cuanto salimos de Vyara cogimos una carretera que es lo suficientemente buena para que el autobús alcance cierta velocidad (nada espectacular, no os penseis, puede que llegasemos a los 70 kms. por hora) pero no lo suficientemente buena como para tener el piso liso. Las ventanas del autobús no encajaban bien y con el traqueteo producían un ruido que me estaba sacando de quicio. Era como estar junto a un avión a punto de despegar. Poco a poco, no sé si porque me acostumbré o porque la carretera empeoró y tuvimos que reducir la velocidad, acabé por olvidarme del ruido. Y así completé mis tres horas de trayecto. Acabé el trabajo que tenía que hacer y cogí el autobús de vuelta a casa. Esta vez no tuve suerte y no me pude sentar al montarme y ahí descubrí lo que es ir en un autobús a tope. Los autobuses tienen un pasillo central, con dos asientos a un lado y tres al otro, pero donde se apretuja bastante más gente que asientos. Creo que el record que he visto hasta ahora de gente sentada en el lado de tres asientos han sido dos adultos y cinco niños. Y el pasillo a rebosar. Cuando parece que no cabe más gente, llega alguna otra persona y la gente se apretuja un poco más. Y nadie se queja. No se paga el billete antes de montarse sino que el cobrador se va desplazando por el autobús cuando el vehículo está en marcha. Y lo más increíble es que el tipo se las arreglaba para pasar aunque parecía que ya no cabía ni un alfiler. Afortunadamente en una de las paradas intermedias se bajó bastante gente y me pude sentar para acabar el trayecto con relativa comodidad.
Lo que me consuela durante esos viajes es pensar que yo sólo sufro esas incomodidades de vez en cuando. Para la mayoría de la gente, sus desplazamientos cada vez que se tienen que mover son así o peores. Para muchos destinos no hay autobuses frecuentes y mucha gente se desplaza en unos jeeps compartidos o en camión y ahí sí que realmente van amontonados. A menudo me acuerdo de una de las pruebas del “¿Qué apostamos?”, aquel programa de televisión que presentaban Ramón García y Ana Obregón. En una de las pruebas un grupo apostó que se podían meter tropecientos en una furgoneta. No recuerdo cuántos eran, pero estoy segura de que en la India ese número se supera a diario.
En fin, que me desvío del tema. Sigo contando mi viaje. En cuanto salimos de Vyara cogimos una carretera que es lo suficientemente buena para que el autobús alcance cierta velocidad (nada espectacular, no os penseis, puede que llegasemos a los 70 kms. por hora) pero no lo suficientemente buena como para tener el piso liso. Las ventanas del autobús no encajaban bien y con el traqueteo producían un ruido que me estaba sacando de quicio. Era como estar junto a un avión a punto de despegar. Poco a poco, no sé si porque me acostumbré o porque la carretera empeoró y tuvimos que reducir la velocidad, acabé por olvidarme del ruido. Y así completé mis tres horas de trayecto. Acabé el trabajo que tenía que hacer y cogí el autobús de vuelta a casa. Esta vez no tuve suerte y no me pude sentar al montarme y ahí descubrí lo que es ir en un autobús a tope. Los autobuses tienen un pasillo central, con dos asientos a un lado y tres al otro, pero donde se apretuja bastante más gente que asientos. Creo que el record que he visto hasta ahora de gente sentada en el lado de tres asientos han sido dos adultos y cinco niños. Y el pasillo a rebosar. Cuando parece que no cabe más gente, llega alguna otra persona y la gente se apretuja un poco más. Y nadie se queja. No se paga el billete antes de montarse sino que el cobrador se va desplazando por el autobús cuando el vehículo está en marcha. Y lo más increíble es que el tipo se las arreglaba para pasar aunque parecía que ya no cabía ni un alfiler. Afortunadamente en una de las paradas intermedias se bajó bastante gente y me pude sentar para acabar el trayecto con relativa comodidad.
Lo que me consuela durante esos viajes es pensar que yo sólo sufro esas incomodidades de vez en cuando. Para la mayoría de la gente, sus desplazamientos cada vez que se tienen que mover son así o peores. Para muchos destinos no hay autobuses frecuentes y mucha gente se desplaza en unos jeeps compartidos o en camión y ahí sí que realmente van amontonados. A menudo me acuerdo de una de las pruebas del “¿Qué apostamos?”, aquel programa de televisión que presentaban Ramón García y Ana Obregón. En una de las pruebas un grupo apostó que se podían meter tropecientos en una furgoneta. No recuerdo cuántos eran, pero estoy segura de que en la India ese número se supera a diario.
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